Quiero hablar. Lo necesito. Pero no de los muertos. Quiero hablar de los vivos.
Quiero hablar de los vivos que desearían no estarlo. De la mujer palestina que tendrá que seguir respirando sin su hijo. De la misma mujer que, rodeada de miseria en su Gaza natal, se despertará cada día rota, sin ganas de vivir. La mujer cuyo dolor es tan inmenso que no deja espacio a nada, ni siquiera al odio. La misma que se preguntará cada instante por qué. Por qué su pueblo, por qué su barrio, por qué su hijo.
Quiero hablar de los vivos que quieren empezar a vivir. De ese chico israelí de 24 años al que han llamado a filas para disparar. El mismo chico que desea la paz. El que es feliz tomándose una caña con sus amigos en Jerusalén y cenando con sus padres y hermanos en el salón de su casa. Al que robaron su pasado y el conflicto le sorprendió mientras pintaba su futuro en una servilleta. El chico del que la vida se ríe sin parar.
Quiero hablar de los vivos sin ilusión. Del hombre que en cuestión de segundos perdió a su mujer y a su futuro hijo. El mismo hombre que días antes soñaba con abandonar sus trapicheos y construir su propia tienda de maderas. El hombre que, cegado por el ansia de venganza y sin nada que perder, podría terminar lanzando cohetes.
Quiero hablar de los vivos que matan. De esos malnacidos que disponen de la vida de los demás, tanto de su bando como del enemigo. De esos cobardes que desde sus despachos ordenan y ejecutan. De esos ineptos que se creen dioses y juegan, manipulan, asesinan. De los que utilizan escudos humanos. De los que deciden invadir una tierra. Sus manos están y estarán siempre asquerosamente teñidas de sangre israelí y palestina, palestina e israelí.
Y, aunque en días como hoy me cueste un esfuerzo casi sobrehumano, quiero hablar de los vivos que soñamos. De los que amamos esa tierra como si fuera nuestra y haríamos cualquier cosa para que el conflicto se evaporase. De los que confiamos en el poder de las personas, de uno y otro lado, para que esto cambie. De los que dejamos la palabra “paz” como deseo estrella en el Muro de las Lamentaciones. De esas personas que multiplicamos por millones a los del párrafo anterior. Con eso debería bastar...
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